Las siguientes líneas las leí en un ensayo de José Luis González-Simancas, durante el tiempo en que cursé un seminario en la U:
" Estas líneas (...) se dirigen en efecto a quienes son sensibles a las cien necesidades de la persona humana. A las que valoran a las personas por ser personas. O nos interesamos sinceramente por todo ser humano, o terminaremos por interesarnos exclusivamente por nosotros mismos. Toda ayuda se basa en saber querer y saber servir. Para lo cual hay que ser: ser como se es sin dejar de luchar por un mejor ser en beneficio de los otros que se comunican conmigo. Para ayudar, hay que ser de tal manera que nuestro desinteresado interés por los demás se comunique sin más, sin palabras, sin estar más que ahí, con el otro, no frente al otro."
Cada vez que me encuentro con este ensayo me resulta inevitable pensar hasta qué punto podemos marcar la diferencia en la vida de las incontables personas que tienen contacto con nuestras vidas. Me refiero a esa pequeña gran diferencia que implica el que le sonrías a algún extraño en la calle, o que simplemente te tomes un minuto de tu tiempo (que es escaso, lo sé) para prestarle algo de atención a un amigo, un compañero de clase, o demás personaje que te acompañe en dado momento... En fin, a una persona que merece respeto por el simple hecho de ser humano.
Así, medito profundamente en el privilegio de seguir viviendo en este mundo para tener la oportunidad de enriquecer la vida de aquellos con quienes me relaciono diariamente, les conozca o no. Porque a fin de cuentas he descubierto que siempre me resulta más satisfactorio el dar mi cariño sincero -sin esperar una respuesta igual-, y tratar con aprecio, respeto y cordialidad a quienes la vida me ponga por delante en el momento justo. De este modo, al final del día sé que quizá un millón de cosas pudieron haber salido mal, pero al menos tengo mi conciencia tranquila y satisfecha, y puedo caminar con la frente en alto sabiendo que hasta ahora he dado lo mejor que puedo; y que mi Dios se encargará de hacerme crecer como persona y como reflejo de su amor y obra en mi vida.
Dejo aquí la discusión abierta, no sin antes plantearte la necesaria interrogante: ¿has sentido esto alguna vez? ¿estás marcando la diferencia? De ser así, no temas... Igual la vida consiste en un continuo probar y errar, así que podés tener la seguridad de que lo que se siembra en amor dará su fruto en amor; sólo hay que seguir intentando con una poca de FE.
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